viernes, septiembre 28, 2007

GUILLERMO NUÑEZ Y SU OBRA GRAFICA


En Chile ya entendemos que al acto de memorizar,
de agitar los tiempos se vuelve ciertamente conflictivo
al intentar buscar en los pliegues del pasado
aquellas circunstancias que permitan inferir
los anudamientos que atraviesan culturalmente el presente.
(Diamela Eltit)


Una característica de la producción de arte en Chile y América Latina entre los años 50 y 70 es la apropiación de modelos ideológicos trasladados al campo del arte como retóricas que tensionan y recomponen nuestra historicidad. Con ello conceptos como Vanguardia y Resistencia modelan y articulan la forma de pensamiento de nuestra modernidad como lo es la critica y la utopía. Este primer enunciado permite demarcar la relación arte – política que esta presente en la producción visual del continente y con ello las realidades de las cuales se hacen cargo un grupo de autores entre los que se encuentra Guillermo Nuñez.

En 1930 es la crisis económica en Europa y el suicidio de Maiakovsky. Guillermo Nuñez nace en Santiago de Chile el 27 de Enero, en una sala común del hoy desaparecido Hospital San Borja, en la Alameda.
Desde ahí los hechos que marcan su vida, están hondamente vinculados a la memoria no resuelta. No es extraño vincular a una especie de historia comparada la relación de la obra de Nuñez con los procesos y acontecimientos que marcan parte de la historia del siglo XX y con ello su relación con la violencia.

Larga es la trayectoria de Nuñez, desde sus estudios de arte con Gregorio de la Fuente o Pablo Burchard y su trabajo como escenógrafo y diseñador del teatro experimental y profesor en la escuela de Teatro de la Universidad de Chile. Posteriormente a sus estudios en Estados Unidos, Francia, Checoeslovaquia y siendo director del museo de arte contemporáneo durante la unidad popular Nuñez al igual que muchos sufre el horror del tiempo de las cenizas.

En este sentido la violencia como fenómeno social es incorporado a la obra de Nuñez como una pregunta al espectador, es elevar a categoría estética el horror que es necesario reconocer y no olvidar.
¿Que hay en el fondo de tus ojos?, es una pregunta que constantemente este artista nos reitera en su obra, que sonido tiene este dibujo o que color el dolor.
¿Cómo poder decirte que tuve miedo? Que obra puede contener estas interrogantes, quienes se atreven hoy a plantear estos temas en tiempos de la desmemoria, en este sentido Nuñez reafirma y comparte una generación de creadores que como Escamez, Hermosilla, Venturelli, Matta, Bálmes, León, construyen la historia de las artes visuales de nuestro país y continente vinculando la relación arte - compromiso o
arte - política.
Con ello este autor traslada la meditación balsámica de estos tiempos a una apropiación de la memoria en nuestro territorio, una memoria como patrimonio y elemento fundante de nuestras identidades.

Me arranco las visiones y me arranco los ojos cada día que pasa.
No quiero ver ¡no puedo! Ver morir a los hombres cada día.
Prefiero ser piedra, estar oscuro,
A soportar el asco de ablandarme por dentro y sonreír
A diestra y siniestra con tal de prosperar en mi negocio.
Gonzalo Rojas – Contra la Muerte

La obra gráfica de Nuñez tiene estas interrogantes abordadas en un primer periodo desde el 65 al 70 en donde el POP del realismo moderno que al decir de Rauchemberg, en su proclama del museo de arte contemporáneo de Nueva York traslada al artista al campo del periodismo, es decir a informar con imágenes de los grandes y pequeños asuntos de nuestra actualidad, compartiendo de esta forma las retóricas de Warhol, Lichtenstein, etc. De ahí se separa hacia una vertiente que funde el Dada con el Surrealismo es en esta mirada los cuerpos diseccionados y clasificados donde la caricatura con un dolor contenido desplaza el acontecimiento por la obra novelada. Aquí él nos menciona “Lo que hago tiene un fondo de humor, pero un humor trágico, casi insano. Es la visión de una sociedad absurda que arrastra al absurdo a los seres que la componen”.

Desde el 73 en adelante la obra de Nuñez desarrolla un dramatismo desgarrador en el grabado, volviéndose monocromo lacerado por trazos de color a modo de corte o incisión con ello los cuerpos deformados y expuestos en la carne, huesos dientes, quebraduras. Estos nuevos textos visuales se apropian de la tortura, desaparición y el exilio como poética desesperada de evidenciar lo acontecido en la dictadura.
Su obra canta desde esta humanidad como una critica constante a todas las formas de dolor, en forma reiterada nos recuerda esta forma de controlar la historia evidenciando la violencia que desde un postura critica y alerta puede entregar en su constante obra.

Luis Arias Estrada
Museo de la Gráfica Chillán


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